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lunes, 8 de febrero de 2010

CRIOLLOS

La vida política de la colonia novohispana estaba en manos de una minoría de origen europeo, constituída en su mayoría, pero no exclusivamente, por españoles y sus descendientes.

En la Nueva España había dos tipos de españoles: los que habían nacido en España, a los que se llamaba "peninsulares", y los que habían nacido en América, es decir, los "criollos". Peninsulares o criollos, a todos los españoles se les llamaba coloquialmente "gachupines".


CRIOLLOS
Aunque ante la ley los criollos eran considerados españoles, en la práctica no se les consideraba iguales. Desde el inicio de la colonia hubo tensiones entre criollos y peninsulares. Los segundos decían que las condiciones climáticas de América degeneraban el cerebro y mente de los europeos y por eso los criollos no eran tan capaces como ellos. Los criollos, sin embargo, insistían en que eran iguales y tan leales a la Corona como cualquier español. Obviamente, tanto criollos como peninsulares querían el control sobre las poblaciones indígenas y el acceso al poder político.

Aunque la mayoría de la nobleza novohispana era criolla y muchos de ellos se educaban en la Universidad de México y en los colegios religiosos, había límites al ascenso social de este grupo. El virrey siempre era español y los altos cargos del Ejército los tenían los españoles. Para colmo, las mujeres blancas preferían a los peninsulares antes que a los criollos. La marginación que sufrieron los criollos por los españoles y su reclamo de participar de la vida oficial del lugar donde habían nacido desembocó en un sentimiento que se ha visto como el despertar del espíritu nacional.

Finalmente, aunque la mayoría de los blancos tenían más oportunidades sociales que el resto de la población, también hubo blancos pobres que llegaron a la Nueva España con la ilusión de hacerse ricos. Como muchos de ellos no lo conseguían, se dedicaban a vagabundear. A éstos, se les agrupaba con los negros, mulatos y mestizos.

La independencia de México fue obra, sin duda, de las clases privilegiadas, primero de los criollos, a partir de 1810 y después (1819 en adelante) de los propios españoles puros o peninsulares que veían con temor el restablecimiento de la Constitución de Cádiz y demás reformas liberales. Aquí encontramos la causa o condición política que hace posible una revolución, el descontento de un sector económicamente solvente y poderoso, además de ilustrado, que se anima a promover la revolución, organizándola, dirigiéndola y, por supuesto beneficiándose de la misma. Esto no quiere decir que las clases populares, explotadas y totalmente desprotegidas, no hayan participado en este movimiento, que aunque fueron utilizadas como carne de cañón, al no mejorar su calidad de vida después de 1821, sí hubo intentos y disposiciones importantes para tal fin, pero que no se concretaron, ya que se dieron en plena lucha por la in dependencia. El movimiento en sus inicios, con Hidalgo fue desordenado y violento, después Morelos se encargaría de organizarlo y disciplinarlo teniendo su mejor momento.
Morelos sabía que en el orden religioso cristiano se debía partir de la igualdad absoluta, concepto que teóricamente conocía muy bien. Pero sobre todo, él debió haber reflexionado muchas veces sobre el asunto más inmediato y que precisamente dio lugar al sacudimiento colonial de 1808: ¿tenía razón el Real Acuerdo de la Nueva España que, deseando guardar el estado de las cosas, no le importó subsanar el hueco de la soberanía cuando tuvo lugar la prisión de los reyes?; ¿tenía razón el Ayuntamiento? Éste, reunido el 16 de julio por Primo Feliciano Verdad, después de deliberar tres días, entregó a Iturrigaray una representación que detallaba los distintos ángulos de la invasión francesa, y decía que la nación era libre para tomar sus deliberaciones. Exhortaba a la vez al virrey para que continuara al mando junto con las demás autoridades coloniales, previo juramento, para mantener la seguridad y los derechos del reino de acuerdo con las leyes por las siguientes razones: porque la abdicación de los reyes españoles estaba viciada de origen en cuanto al otorgamiento de la voluntad, situación que la hacía nula; porque dicha abdicación, además de ir contra el concepto de legitimidad de orden divino, se oponía a la tradición originada en la época de Carlos V, la cual prohibía enajenar y donar los dominios españoles, y que sólo tuvo como excepción la venta que el emperador hizo de las Molucas. Y sobre todo, porque a falta de monarca por ausencia o impedimento la soberanía radicaba en el reino y clases que lo formaban, y porque, muy especialmente, los órganos de voz pública y administración de justicia, en última instancia, eran depositarios sagrados de la soberanía. Los criollos decían que después de mantener la colonia con energía se la devolverían a Carlos IV en su oportunidad.
 Con la muerte del caudillo Morelos, a partir de 1816 la lucha entra en una etapa de decadencia, sin embargo, a partir de 1819 los cambios ocurridos en España fueron determinantes para consumar la independencia, de tal manera que los que habían luchado una década contra el movimiento, los aristócratas, los más altos funcionarios de la administración colonial, el alto clero, ahora se pasaban a las filas de la insurgencia, pero, con el propósito de proteger sus intereses de los vientos reformistas que estaban llegando de la metrópoli española.